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Robert Doisneau  
Las manos de pan de Picasso  
Vallauris 1952

 

La fotografía no es sino el reflejo de la mente dominada de quien la crea y quien la mira. La naturaleza de la vida está intrínseca ahí. La creación fotográfica debe ser un ejercicio meditativo de esa naturaleza, lo retratado debe ser el instrumento que sirva como símbolo para que la alegría sea alegría y la tristeza el principio de la alegría.

Captar y retratar la belleza y la alegría del día a día debe ser el fruto que el fotógrafo recoja para que la belleza, la alegría o la paz, puedan no solo alimentar al momento mismo, sino, congelada en la bidimensionalidad de la fotografía, resurgir en los ojos y la mente del espectador. La fotografía debe ser el receptáculo atemporal de la belleza y la alegría.

El fotógrafo debe ser capaz de retratar la fealdad relativa de las cosas y transformarla en una imagen de belleza estética, debe ser capaz de crear un gag visual en el que la fealdad no sea fealdad sino la naturaleza velada de la belleza, entendiendo aquí belleza y fealdad no solo en los términos estéticos, sino como el sufrimiento y la alegría que los objetos o las personas generan.

La fotografía por naturaleza no solo adolece de respuestas sino que generalmente formula preguntas. La pregunta capital que toda fotografía genera es: ¿lo que estoy viendo, como instantes congelados, son la “vida real” que con tanto ímpetu defiendo vivir?

La vida de chiste, la vida de los sueños y la falsedad, esa vida onírica queda impregnada en la fotografía. La naturaleza vacua de la vida no puede quedar exenta de la fotografía, la vacuidad que genera a la vida es la misma que hace ser a la fotografía.

Saber que la vacuidad genera a la fotografía y que la fotografía es la vacuidad misma, podría quedar en una mera idea filosófica intrascendente, de no ser por los fotógrafos que buscan en la imagen, esa realidad última de las cosas. A esos otros fotógrafos trascendentes los llamamos, “artistas”.

El mundo de la creación trascendental es sumamente elitista, acepta únicamente a unos cuantos, millones quedan fuera. El creador trascendente logra conjugar en su obra el atractivo visual con la idea teórica que la produce. Dicho conjunto, genera sensaciones que provocan un diálogo interno, una serie de interrogantes en el espectador muchas veces sin respuesta. 

No creo sea menester que la creación trascendente tenga explicación inmediata por parte de todo espectador. El arte abstracto y el surrealismo, no siempre tienen explicaciones lógicas a simple vista, sino que se basa más en una cuestión tan profundamente interna del creador que muchas veces es el único que podría darle sentido.

Por lo ya dicho, es obvio que no abogo por una creación básica, sin profundidad y sin teoría que la sustente. Pero tampoco respeto la creación con intenciones de intelectualidad por el simple recurso de la “complejidad” visual.

El contenido y la forma son las dos alas de la creación trascendente. Sin forma el contenido no podría contenerse a si mismo, sin contenido la forma carecería de sustento intelectual.

La creación que no es considerada trascendental, es aquella que en su forma y contenido no sobrepasa el promedio de las creaciones, son aquellas que siguen un molde formal o su contenido es reiterativo con lo que se ha dicho previamente. Todos los temas se han tratado por todos los medios de expresión, la diferencia son las formas en que el mismo tema es tratado. Una obra trascendental puede ser aquella que propone una parte formal tomando una postura universal sobre algún tema, la forma en que se dice aquello es lo que lo hace trascendente. De igual forma una obra trascendente puede ser aquella que en sus formas es clásica, pero su postura sobre algún tema difiere de lo ya antes dicho.

El caso de la fotografía de arquitectura es particular, ¿podría una fotografía por la fotografía misma ser trascendente, o depende de lo fotografiado para ser trascendente? ¿se requiere que la edificación sea trascendente para que la fotografía pueda ser igualmente trascendente?

A fin de cuenta quizá meditar en todo esto no sea sino una mera burla, algo que si se cree como cierto solo se esté condenando a la fotografía a aquellos pocos elegidos trascendentales y se prive a cualquier individuo, gozar de la libertad a ser y exponer todo aquello que a través de su mente, cabe en los ojos de su cámara.

Eduardo Barreto Noriega

Guadalajara, Jalisco, México

24 de Febrero de 2016